New Russian Chronicles
Surviving monotaxocausofilia

From non-belligerence to neutrality – II

Total, que por primera vez en mi vida he estado en Ginebra.

Vamos a empezar por la conclusión: admito que después de ver los en su hábitat natural, he perdido un poco de los prejuicios que tenía contra los suizos. (De ahí el título de este post).

Además, a mí me cuesta enfadarme con la gente cuando soy yo el que está haciendo mal las cosas.

Lo primero que hice cuando llegué a Ginebra fue montarme un tranvía sin billete. Porque yo lo valgo. Pero bueno, joder, que acababa de llegar y estaba desorientado. ¿Qué es lo primero que ocurre? La ley Murphy, en forma de nutrido equipo de revisores. ¡Zas! en toda boca.
Pero no pasó nada, porque puse en marcha a mi mentalidad ninja, y al llegar a la siguiente parada, delante de sus narices, y después de hablar con ellos, (de tal forma que ya sabían que me iban a por una multa) me escapé como una auténtica putilla.

Pero no, había de todo, gente maja, y gente como el funcionario que vendió más tarde el billete de tranvía, con una cara de estatua cabreada como para agriar la leche.

Por lo demás, todo fue bien, y fue un momento de profundas emociones. Uno de mis mejores amigos, Daniel Salart, futuro Premio Nobel, (que conste: yo lo anuncié antes que nadie) se doctoró con todos los honores del mundo. ¿Que añadir a eso? que Ginebra (aparte de parecerse demasiado al 16º distrito de París, que no mola) es una ciudad muy bonita, con vistas muy agradables, y llena de chicas guapas.
Que no es una ciudad tan rígida ni tan falta de espíritu como yo pensaba. Tiene su propio espíritu, su cosa.

Dicho esto, cabe mencionar también la trampa del transporte público de Ginebra. La trampa es muy sencilla, y además es única. El transporte público de Ginebra es el único que tiene trampas de mala hostia. Porque coño, todas las demás trampas se puede justificar, uno puede pensar ” no joder, es que no han pensado los turistas.” pero en Ginebra no. Lo voy a demostrar con una foto:

Venga no me jodas

¿Veis ese plano, en apariencia tan útil, que estaba cerca de la estación de tren? Bueno pues es falso. El asterisco, al menos en teoría, que dice dónde estas. ¡Pues no! era una engañifa. En realidad estaba en la salida opuesta, en la plaza de Reculet. Pero, según el plano, yo estaba en la plaza de Cornavin. La leche.

Ah, y otra cosa, los suizos utilizan unos enchufes más raros que un perro verde. Y como yo no sabía no tenía adaptador.

Pero bueno, aparte de estas pequeñísimas quejas y tal, me ha gustado Ginebra y me han caído bien los suizos, mira. Así que los suizos son ahora para mí, como ellos querrían, neutrales, y no no-beligerantes.

Resuelto el problema de los minaretes, los suizos se concentran en sus verdaderos problemas.

Para concluir, he aqui una cancioncita que os va a gustar. ¡Y os la podeis bajar! “Still alive”, la canción de los créditos de ese clásico entre los vidriojuegos: Portal.

Still alive.mp3

(Ir a buscarla al youtube, que mi puto blog se niega a subir un puto .mp3, joder)
(You’ll have to look for it in youtube, sorry! / Cherchez-la sur youtube! pardon!)

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